Para que os hagáis una idea, algunas veces me he sorprendido estando en un vagón en el que no había absolutamente nadie con vaqueros. Entre los hombres, el traje es algo casi omnipresente, hasta llegar a resultar casi opresivo ver tanta gente vestida de forma tan igual. Es como llevar el uniforme de ciudadano. Entre la gente restante, a principios de verano dominaban los tonos neutros y blanco y negro, todo ropa nada chillona ni llamativa, sino todo lo contrario: muy elegante y sobria.
Sin embargo, estas son las impresiones de los primeros días en Tokyo. Cuando llegué a la zona en la que está mi residencia y mi universidad, noté bastante el cambio a un ambiente más normal. Hay muchos estudiantes y amas de casa, y por tanto, el número de personas con vaqueros ha crecido considerablemente. Y la verdad es que en parte, se agradece. Aun así, las chicas en la universidad van muchísimos días con falda o con camisas. Menos mal que me metí más de una camisa en la maleta para venir hasta aquí...
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